Fue tal vez el oficio
más rudo de los que se realizaban en las tareas agrícolas, propias de la
época anterior a la actual, en que la
mecanización del agro ha traído como consecuencia métodos más modernos.
Anteriormente, toda la cosecha de granos se embolsaba para su manipulación y ,
por ende, todo su movimiento de carga y descarga se hacía en forma manual, es
decir, que ese era el trabajo de los bolseros.
Era una tarea agotadora la de andar ocho horas o más hombreando bolsas de
sesenta a setenta kilos, en especial en los meses de mayor
calor;
diciembre y enero principalmente; por la época de la cosecha fina. Además, en
ese rudo oficio no cabían los términos medios, o se andaba todo el día a paso
de trote o había que dar el paso al costado y dejar que otro más fuerte
siguiera ese tren de trabajo y esa era la deshonra más grande para el bolsero,
o sea , la de aflojar y no poder seguir, porque
para ello estaba el honor de ser un oficio de guapos de verdad.
Usted tal vez no se imagine cual era el hermoso espectáculo que se presentaba
todas las mañanas en épocas de cosecha. A horas bien tempranas las calles de
entrada a la playa del ferrocarril estaban llenas de camiones, carros y chatas
cargadas de bolsas esperando para su descarga. Cuando se abría la tranquera, se
formaban varias filas enfrente de los galpones de turno, donde esperaban las
cuadrillas de bolseros preparadas para su descarga. Cada cuadrilla estaba
formada por ocho o diez bolseros con su correspondiente estibador y algún
ayudante si hacía falta, todos bajo las órdenes de un recibidor de turno.
Cuando llegaba la hora , el recibidor daba la
orden y los
bolseros pegaban el
grito: ¡ Pare y largue, compañero !
y, cargando la bolsa, corrían a la balanza para el pesaje de las
mismas.
Allí el recibidor las pesaba , casi siempre con "algunos
kilos menos" para los dueños de las bolsas y daba la orden: ¡ A
bordo !, y ahí los bolseros
volvían a cargar las bolsas y otra vez al trote para la estiba, la cual, una
vez que se empezaba a elevar, había que subir por el burro que era una armazón
de madera con escalones. Esto constituía el trabajo más agotador para el
bolsero, ya que las estibas eran muy altas y, como digo, ahí no había
contemplaciones para el que aflojaba.
Así transcurría el día, ya que la fila se iba engrosando con la llegada de
nuevos camiones o carros para la descarga. En Winifreda, como en todos los
pueblos de campaña, había muchos bolseros a los que se agregaban en épocas de
cosecha muchos forasteros que venían a trabajar en la temporada.
Entre los muchos bolseros que poblaron los galpones y estibas de campaña en
esas épocas de 1.940 y 1.950, yo evoco aquí a muchos de ellos que hicieron
honor a su oficio de "guapos de verdad",
para honor de su pueblo.
Casi todos tenían su apodo cariñoso en tan rudo oficio y, por imperio del paso
del tiempo, ya no los tenemos entre nosotros, y sólo nos queda el recuerdo de
su andar por los galpones y estibas.
Entre los muchos que pasaron formando filas de "guapos"
de la bolsa, yo evoco a "el potro" Adán
Lang, uno de los pioneros en el pueblo, también
recuerdo a: el "Mocho" Arias, don Segovia,
los
Becerra, el "Chivo"
Moreno, el "Patito feo" don Sosa, Mateo Matalia,
el "Zorro" Jacobi, el "Rubio"
Alejandro Kempel, el "Gordo" Teleschuk,
Antonio Rasch, Juan, Domingo y Alberto Leguizamón,
Marcelino Avaro, el "Cacho" Buletti, "Andico"
Giménez , el
"Negro" Giménez, el "Potrillo" Froilan
Lang, "Langosta" Matalia, el "Taño"
Monteiro, "Talao"
Cases, "Pasodoble" Villareal
el número uno de los estibadores, "Panza de agua" Monteiro, el
"Cambá" Ponce, Carlitos
Groski y muchísimos más que no recuerdo pero que
estarán siempre en el pensamiento de la gente que vivió esa época.
Con estas líneas yo solamente quiero rendir un pequeño y sincero homenaje a
esos sacrificados trabajadores que hicieron honor a esa fama de
"guapos" para el trabajo.
por: Homero Santos